Mientras Daniel acomodaba los últimos detalles de su casa flotante en el mapa digital, encontró unas delicadas Cortinas de Cristal. Eran transparentes y hermosas: permitían mirar hacia afuera sin perder calidez, y al mismo tiempo protegían lo que había dentro. Tras ellas guardaba recuerdos valiosos, nombres importantes y pequeños hábitos que formaban su día a día. Eran su escudo silencioso.
Entusiasmado, Daniel decidió abrirlas por completo. Saludó al mundo, mostró su casa con orgullo y dejó pasar la luz. Sin notarlo, también quedaron visibles datos que no pensaba compartir: la ubicación de su jardín, el nombre de su escuela, horarios que solo su familia conocía. En el mapa digital, una ventana abierta llama más miradas de las que uno imagina.
No tardó en aparecer un Coleccionista de Sombras, atento y paciente, tomando nota desde lejos. Daniel sintió que algo no estaba bien; el aire ya no era tan amable. Entonces recordó el consejo de Aegis8: los datos personales son joyas, no adornos para la vitrina.
Con un movimiento decidido, cerró las cortinas, dejando apenas una rendija para quienes eran de confianza. La casa volvió a sentirse segura. Desde entonces, Daniel sabe que abrir o cerrar su mundo es siempre una elección suya y que cuidar lo que se comparte no es desconfiar del mundo, sino conocer el propio valor.